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Cuaderno de Viaje

Pensamientos e inquietudes
21 MAY 2024

II - La pose y el mito de Sísifo

En el bello ensayo de Albert Camus, el autor nos insta en el final del relato a imaginar a Sísifo dichoso. Solo la primera vez que leí el ensayo, me sentí dichoso al imaginar a Sísifo. De la segunda en adelante, me topé con una tristeza cruda pero aparentemente con un suelo realmente estable: A fin de cuentas, todo es una pose, una manera de ver, o actuar. Camus no solo estaba haciendo el esfuerzo de seguir a esa esperanza, él te pedía acompañarlo en su “imaginar”. Un autor y una obra encuentran su refugio ante la parálisis al empuñar una pose concreta, particular. En el mejor de los casos es una creación que manosea y sofistica la condición humana para encontrar algo de consuelo, belleza o esperanza. No persigue una verdad, solo se interesa por una utopía. Un mundo donde los hechos ocurren de otra forma menos desgraciada. Para uno mismo, sentir de esa manera el discurso -cualquier discurso- que uno puede posturar ante cualquier aspecto de la vida, parece destruir el propio camino hacia la verdad. Si eso sucede, esa actitud idealista que ha perdido la fe, corre el peligro de moverse muy cerca del cinismo. ¿Cómo algo que solo quiere ser bello y esperanzador puede estar tan cerca del frío y la contradicción? Quizá esa historia que quieres contar ya solo conserva su luz de esperanza para otras personas. Para el creador solo resta el oficio, la dignidad de contar la historia lo mejor posible; luchando por mantener a raya el monstruo que dice “¡Es solo una pose! ¡No quiero imaginar más, no quiero luchar con lo que mis ojos ven!” Pero hay algo que parece salvarse en todo este entramado desesperanzador. Se trata del acto. El acto puro, aislado del contexto. El acto por sí mismo está liberado de moralidad, de pose autoral, y de inercia. En nuestro caso, no hablo del acto de contar una historia. Si no de la historia en sí, del relato como hecho liberado. Listo para ser juzgado solo por lo que es, a los ojos particulares de cada persona genuina. Pero esta libertad del acto es posible que solo devenga realmente libre en los relatos de ficción. Donde el autor, por mucho que quiera, no domina la historia. Esta es un ente propio. En cambio, en el ensayo, la opinión, la documentación... el sesgo y la voz del autor serán en muchos casos demasiado dominantes. Y en este momento uno siente las garras de la contradicción y del pensamiento vulgar e inocente. Uno desarmándose a sí mismo. Parece que el deseo de control oprime la propia voz del relato. ¿Hay forma como autor de mantenerte unido al relato? ¿O siempre se liberará como verdad independiente? Demasiado pensamiento. En un último atisbo de lucidez, solo parece quedar el acto aislado como forma de esperanza verdadera.
18 ENE 2026

I - ¡El cine seguirá!

¿Por qué cuesta tanto exponer el sistema de ayudas y subvenciones de las que viven las producciones de cine Español? Porque hay dignos y justos profesionales que viven gracias a ellas. Gente honesta, que sí responden de forma legítima a ese dinero proveniente de las instituciones públicas. A esas personas les pido disculpas, pero en adelante deberé generalizar. Sabemos que allá a donde va el dinero público lleva consigo especulación y corrupción. En cuanto al cine, podemos decir con tristeza que lleva consigo uno de las peores parásitos especulativos: el que no responde ante la calidad y rentabilidad del producto. Nuestros parásitos tienen que pellizcarse para cerciorarse de que no están soñando, ¡cuánto dinero fácil! Pero seamos más concretos. Un productor al uso responde ante la rentabilidad de su producto. Si el producto genera perdidas, el productor queda lastimado; ha perdido su dinero, su tiempo, y en algunos casos, hasta su salud. En general, se está jugando mucho. Por el contrario, un productor cinematográfico responde ante la justificación de las ayudas y subvenciones públicas conseguidas. No es necesaria rentabilidad. Solo debe asegurarse que todo este “bien” justificado (facturas, recibos y requisitos varios de impuesta moralidad, igualdad, o transparencia). No importa la calidad ni la rentabilidad. Pero eso no queda aquí, va más allá. El productor puede justificar salarios elevados, compras, hoteles, dietas, gastos… de dudosa necesidad. También puede “lavar” cantidades de dinero en forma de, por ejemplo, material de oficina, mobiliario, atrezo... que pasan a ser propiedad de la productora una vez ha terminado el proyecto. En conclusión, nuestro especulador tiene mucho que ganar y poco que perder. Y eso afecta al valor y la calidad de nuestro cine. Cine no comprometido, que no le preocupa su calidad, si no su justificación administrativa. Y podríamos seguir y seguir: ¿Por qué se inflan los presupuestos?; ¿Por qué la mayoría de producciones responden ante un 80% de retorno en ayudas directas o indirectas, lo que hace que se usen a directores noveles o a mujeres -que son los casos que te permiten llegar a esos % de retorno- como productos de usar y tirar?; ¿Y que pasa con los pactos fuera de concurso con televisiones públicas?; ¿Qué productoras resultan todos los años beneficiadas, y por qué se permite ese ciclo ininterrumpido? A donde quiero llegar, y temo haberme desviado demasiado, es que nuestro cine, debido a nuestras ayudas y subvenciones públicas, no es un cine comprometido, no es un cine responsable de sí mismo. ¡Nadie se está jugando el pellejo! ¡¿Cómo va a ser rentable?! ¡¿Cómo va a ser apasionado y honesto?! En conclusión, no veo posible un cine justo, transparente y rentable que viva de ayudas y subvenciones públicas. Y para las voces que dicen: “Entonces el cine morirá”. Yo respondo que si el cine no es necesario, entonces que muera. Pero tengo el sentimiento de que no será así. Se despejará el cielo de todas estas nubes que buscan dinero fácil, y quedaremos los que amamos el cine. Los comprometidos.
"La pulsión originaria debe agotarse a sí misma" Gilles Deleuze